
Hace un día estupendo y nuestro Twizy brilla más que nunca. Decidimos llevarlo a la puerta de un instituto, a ver qué pasa.
Silenciosamente, aparcamos en la misma puerta de salida, todavía son las 14:25 por lo que sólo hay varios padres esperando. Cuando abrimos la puerta para salir los padres se giran y poco a poco empiezan a acercarse. Nos comentan lo curioso que es el coche. Nos preguntan si es eléctrico, cuánto consume, qué autonomía tiene, etc.
Ya son las 14:30 y vemos cómo salen disparados varios chavales de entre 12 y 18 años con ganas de llegar a casa. Pero hoy no es un día cualquiera, hoy hay algo nuevo que les llama mucho la atención.
En un par de minutos nuestro Twizy ha sido sepultado por un montón de chicos y chicas que comentan lo “guapo” que está el coche. De nuevo, comienzan las preguntas.
Siguen saliendo estudiantes pero estos ya no pueden ver el Twizy, sólo ven que muchos compañeros se agolpan sobre algo, esto atrae cada vez a más chavales. Después de 15 minutos contestando a preguntas, decidimos marcharnos. No habíamos sido conscientes que lo más “chulo” para ellos estaba por llegar: el momento en el que se abrieran las puertas.
Nos metemos en el coche con una sonrisa y vemos por el retrovisor una gran cantidad de chavales que empiezan a aplaudir.